sábado, 17 de julio de 2010

El Cementerio Central de Montevideo: un tesoro artístico a descubrir


"En tiempos del coloniaje los enterramientos efectuábanse en anexos a las iglesias y en el interior de las iglesias mismas. Los frailes franciscanos destinaron a cementerio un campo lindero con su antiguo convento y en 1791, el párroco de la Matriz habilitó para uso idéntico un solar contiguo a su iglesia.
Por su parte los muertos del Hospital, tenían su zona adjunta allí cerca y los militares una particular.
El primer cementerio público extramuros estuvo en la esquina de las calles Andes y Durazno, a contar del año 1808.
Pronto quedó enclavado en la ciudad, inconveniente que parecía subsanarse llevando el nuevo camposanto a sitio entonces tan lejano como el extremo sur de la calle Yaguarón.

Pero, como es notorio, no se previó el incremento progresivo de la ciudad y lo que se deseaba evitar llegó al cabo de los pocos años.
El Cementerio Central comienza a perfilarse como una necrópolis digna de Montevideo recién el la presidencia de Pereira. Con fecha 20 de junio de 1858 el Presidente Gabriel Antonio Pereira, refrendada su firma por la del ministro de Gobierno General Antonio Díaz; decretó que los cementerios públicos y carros fúnebres quedaran en adelante sometidos a la dirección y administración de la Juntas Económico Administrativas, a las cuales los Jefes Políticos pasarían inmediatamente todos los antecedentes, libros y documentos que poseyeran.
De acuerdo con esto el domingo 14 de agosto de 1859 se colocaba la piedra fundamental de la Rotonda, para cuyo acto (era inefable) se designaron padrinos "el Excmo. señor Presidente del la República y su esposa Doña Dolores Vidal". Un día de lluvia y fuerte viento pampero impidió a los encopetados padrinos concurrir a la ceremonia, asistiendo en su representación los ministros de Gobierno y de Hacienda doctores Antonio de las Carreras y Cristóbal Salvañach.
El arquitecto Poncini fue el autor de los planos y la obra se adjudicó al maestro constructor Rusiñol, por la suma de $3.858, que cubrían con las enajenaciones de nichos y solares.
Al costo de los trabajos de albañilería, debía de añadirse el de los mármoles del piso y del altar, que subía a casi $4.000; el de los atributos internos y externos, próximo a $3.000 y los 800 patacones pagaderos al escultor Livi por su grupo "Descendimiento de la Cruz".
Las puertas de hierro se fundieron en los talleres de Ignacio Garragorri y las barandas circundantes fueron forjadas por Menditeguy a precio de $3 la vara.
El Cementerio Central fue cubriéndose paulatinamente de construcciones fúnebres de alto mérito o elevado precio. La Municipalidad continuó su labor de cuidar y embellecer aquel campo de paz, procurando darle el aspecto de un jardín.
Sucesivamente hubo necesidad de ampliar la necrópolis, habilitando nuevos cuerpos en dirección al mar. Sin embargo, el exterior del edificio desdecía mucho el interior. La entrada se calificaba de pésima con sobrada razón. La Comisión Extraordinaria Administrativa de 1865 entendiéndolo así, dió comienzo a la construcción de un gran peristilo en armonía con las dimensiones de la Rotonda.
Demorados los trabajos por dificultades financieras, recién en octubre de 1877 pudo darse como concluida la entrada monumental al colocarse las 4 estatuas de mármol, altas de 1.40 mts, expresamente encargadas a Italia. La Rotonda a poco de estar hecha fue confiada al pintor Verazzi para que la decorara. Veinte años más tarde "La ascensión del Señor" de Verazzi - composición de escaso mérito - hallábase tan deteriorada que fue necesario pensar en sustituirla. La Junta que presidía el general Felipe Fraga, encomendó a Juan Manuel Blanes la nueva pintura, en 1884. El artista recibió la suma de mil pesos quedando en libertad de elegir el tema. Según el boceto original pintaría una especie de glorificación del Padre Eterno, apoyado sobre los cuatro vientos cardinales, pero luego sustituyó los vientos por los evangelistas.

El 1º de noviembre de 1884, la Rotonda se abría al público con la nueva decoración del afamado maestro compatriota."

Texto tomado de José María Fernández Saldaña - Historias del Viejo Montevideo.

Recorrer un cementerio tan viejo como este, es recorrer parte de nuestra historia, es aprender sobre aquellos pobladores que hace mucho habitaron nuestra ciudad. Es además, apreciar formas de arte escultórico y arquitectónico, de un arte necrológico que muestra el pensamiento, la idiosincrasia y el gusto artístico de una ciudad a lo largo de más de un siglo.
Como podemos leer en el texto más arriba, antiguamente se sepultaba a los muertos en los predios de las iglesias, los llamados “campos santos”, que rodeaban el templo. La primer iglesia de nuestra ciudad fue la de San Francisco; que hoy se encuentra en estado de reparación y conservación, ubicada en Cerrito y Solís. Pero la ciudad fue quedando chica, lo sabemos, así que se hizo un cementerio precario en las inmediaciones de lo que hoy son las calles Durazno y Andes.
La expansión de la ciudad y la gente rica, los potentados nuevos habitantes de estas tierras, hizo que se planificara un cementerio de lujo en la “Ciudad Nueva”, la que se expandía desde la muralla hacía el Ejido. En 1835 se inauguró este lugar de reposo de los difuntos, que además era un paseo jardín. Era lo que hoy se llama el primer cuerpo del cementerio. Los arquitectos Carlos Zucchi en 1838 y Bernardo Poncini en 1858 diseñaron el resto de los cuerpos que hoy tiene el cementerio.
Mármol, granito, bronce, losas sencillas, grupos escultóricos y construcciones (capillas y templetes), hace de este cementerio una especie de museo. Muchas figuras (ángeles, símbolos cristianos y hasta paganos, etc.) fueron encargados a extranjeros y algunos artistas nacionales.
El Cementerio Central está dividido en tres cuerpos. En el primero de ellos se encuentra el Panteón Nacional, conocido como la Rotonda, en cuya cripta se encuentran enterradas personalidades nacionales como Eduardo Acevedo, Juan Manuel Blanes, Delmira Agustini, Juan Zorrilla de San Martín, José E. Rodó, y otros tantos.
Ya en el segundo cuerpo se encuentra la primera escultura que tuvo el Cementerio, el Cruceiro Gallego (cruz romana que tiene a Jesús de una lado, y a la Virgen María del otro).
Estos dos primeros cuerpos funcionan como naves de iglesia confluyendo toda su planta hacia un eje central.
El tercer cuerpo es más abierto, más moderno, es el que se encuentra sobre la rambla, y donde podemos encontrar las tumbas de José Batlle y Ordoñez y de Luis Batlle Berres.
El cementerio cuenta con una importante presencia de obras de diferentes escultores como Llusich, José Belloni, Juan Ferrari, Morelli, Díaz Yepes, José Luis Zorrilla de San martín, así como de muchos artistas anónimos que han dejado su huella en magnificas esculturas, grabados y relieves de corte funerario.

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